En La Boca

Proa: el juego de la imaginación

Una gran exposición transita la nostalgia de los juguetes retro, los videogames y los deportes, según la mirada de un grupo de artistas que resaltó la dimensión lúdica, en sus múltiples lecturas y variantes.

La noción de juego desempeñó desde siempre un papel de fundamental importancia en su relación con el arte. Ya desde la perspectiva de la producción como desde la recepción, el juego se deslizó muy temprano en gran parte de las definiciones estéticas de la modernidad autónoma como “libre juego de la imaginación”. Más recientemente, el filósofo alemán Han Georg Gadamer llegó a definir al juego como el modo de ser del arte. Y su definición se empeñó en trascender la experiencia particular del artista o del receptor para profundizar en una dimensión que los excede; que se encuentra más allá de la individualidad de cada uno y tiene que ver con el principio de representación. Es significativo que en inglés, francés y alemán una misma palabra designe tanto jugar como representar (play, jouer, spiel), algo que no ocurre en español.

¿Cuál es entonces la íntima relación entre juego y representación que expresan estos idiomas? Ciertamente algo del orden de lo simbólico que interviene tanto en el arte como en el juego.

“El juego representa una ordenación –dice Gadamer– en la que el vaivén del movimiento lúdico aparece por sí mismo. Es parte del juego que este movimiento tenga lugar, no sólo sin objetivo ni intención sino también sin esfuerzo.” Algo del varias veces cuestionado principio de autonomía, que libera a la experiencia del arte de finalidad alguna, se percibe en esta concepción de Gadamer. Y acaso por ello mismo pueda constituirse en una referencia para el recorrido que plantea la muestra Arte en Juego. Una aproximación lúdica al arte argentino, que se exhibe en la Fundación Proa.

Ordenados por el curador Rodrigo Alonso en torno de varios núcleos –Juguetes, Juegos y Deportes– los objetos, pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías, video y formas interactivas que integran esta exhibición han sido pensados para articular diversas expresiones del arte argentino que han abordado la cuestión a través de distintas generaciones.

Desde el tablero “I Ching”, de Xul Solar realizado en 1954 en madera o la pintura de Berni “Juanito jugando a la bolita”, de 1973, a la videoinstalación “Zoom de monstruos”, de Belén Romero Gunset (2020) y la divertida instalación Mirtha eres tú de Lolo y Lauti de 2019, una de las cuestiones que emergen con nitidez en primera instancia remite a la tecnología. Y, aunque no necesariamente ésta afecte o determine la práctica o el sentido del juego en relación con el arte es inevitable que se presente como un rasgo que refleja al estadio más general de la producción de cada época. Desde los juguetes de madera, el trompo y el tren, movidos por dispositivos mecánicos a los juegos electrónicos de nueva generación, todo habla de una determinada época.

Del tablero al “libre juego de la imaginación”

Así, la exhibición se abre con una instalación –realizada por Daniel Joglar– que compone del piso al techo una suerte evocación de juegos de mesa y al mismo tiempo un mural realizado a partir de juguetes. Todo pareciera pensado para conectar diversos tiempos. Se diría que esta apertura opera como una suerte de recreación histórica. Una memorabilia en la que intervienen piezas de colección. Aunque el mayor impacto visual lo aporte el diseño de dos de las tres paredes enteramente cubiertas por un wallpaper que combina tableros y dispositivos de juegos de mesa que a su vez juegan con las afinidades de sus diseños y el universo de la geometría abstracta en el arte.

No deja de sorprender que el autor de esta apertura de carácter histórico representativo sea justamente un artista cuya obra se ha caracterizado por el extraordinario lirismo lúdico de sus propias creaciones. La mayor parte de ellas reconocidas por traer a escena verdaderos alardes de maravilla a partir de la articulación de los elementos más simples. Algo del mundo de la magia y el “libre juego de la imaginación” produce en sus obras una feliz sintonía entre arte, juego e invención.

Más allá de la intervención de Joglar, concebida específicamente para esta muestra, la mayor parte de las piezas elegidas fueron realizadas y presentadas oportunamente en distintos momentos y contextos, algunos más recientes y otros más distantes.

Tal el caso de “Platz”, la reinvención de un sube y baja quebrado con que Jorge Macchi ganó el Premio Braque en 1993. La pieza, que integra el conjunto dispuesto en la sala 2, revela como pocas la ambición de desbaratar la funcionalidad de los objetos que se ha tornado un rasgo del arte contemporáneo.Argentina Skateland, 2011, de Fabiana Barreda. Y Juega el juego Nº 32, 1998, de Marcela Gásperi.

Argentina Skateland, 2011, de Fabiana Barreda. Y Juega el juego Nº 32, 1998, de Marcela Gásperi.

También la “Pelota de fútbol de años a” de la serie Peletería humana de Nicola Costantino, que participa de esto último pero también de la inquietud propia de los objetos surrealistas. En ambos casos la referencia al juego está presente pero subvertida en su lógica.

Otra pieza que participa de este principio desfuncionalizador del arte con relación a la norma del juego es “N©G” de Nicolás Guagnini. Se trata de una mesa de billar rectificada –por usar un término duchampiano– según el formato de marco recortado que emergió con la experimentación vanguardista de Madi y el Perceptismo de los años 40.La mesa de billar de Nicolás Guagnini. N©G, 2002.

La mesa de billar de Nicolás Guagnini. N©G, 2002.

En el caso de la Serie de la guerra (1978), Luis Fernando Benedit pasó del principio de invención lúdica que animó las series de Hábitats de principios de los 70, a una suerte de deconstrucción de la representación que tuvo como referencia los dibujos de su hijo Tomás. Los juguetes, personajes de sus juegos y su representación en dibujos y objetos fueron clave para el proceso creativo del artista que se puede apreciar aquí.

Sobre el cuerpo, la gracia y la competencia

Por su parte, las referencias al deporte son el eje de las obras incluidas en la sala 3. El cuerpo masculino asume aquí especial protagonismo. Muy propio de prácticas que lo involucran particularmente, para bien o para mal. Tal el boxeo o la gimnasia olímpica que son aludidas en la pintura de Pablo Suárez, el dibujo en neón de Hernán Marina y las figuritas de la largada de Sandro Pereira. Pero también en las fotografías de Marcos López aunque se concentren en la singularidad de las poses y la expresión de los rostros.

En este universo que se manifestó siempre predominantemente masculino Marie Louise Alemann desliza la interferencia de lo femenino al introducir en ese campo de batalla la presencia de una mujer.

Desde una mirada crítica hacia lo que reflejan las estructuras subyacentes de los juegos, la obra conceptual de Margarita Paksa “El Partido de Tenis” hace foco en la lógica binaria que se desprende de ellas. En un sentido de que consagran de modo implacable a un vencedor y a un derrotado. El deporte opera, según la artista, como metáfora de la propia sociedad que lo ha concebido y legaliza como inevitable la división entre ganadores y perdedores.La decisión, 2021. Balanzas de metal y plástico, hierro y pelotas de goma, de Irina Kirchuk.

La decisión, 2021. Balanzas de metal y plástico, hierro y pelotas de goma, de Irina Kirchuk.

En el mismo sector, la instalación La decisión, de Irina Kirchuk, describe por sí misma algo distinto de la trayectoria de una pelota que participa de ella. Algo relativo a la gracia del movimiento que la artista recrea y potencia en forma y color a partir de artefactos domésticos reconvertidos. La obra integró recientemente una muestra en la galería Sendrós que tiene que ver con todo esto y justamente se llamó La polideportiva parabólica. En ella logró articular un conjunto dinámico y alegre que parecía rescatar lo más genuino y regocijante del juego y el deporte.

Podría decirse que la obra de Kirchuk, como así también las imágenes de la serie Juego de manos de Matilde Marín o la apropiada recreación de la Rayuela de Marta Minujín son formas que se sitúan próximas a la idea de Gadamer que mencionamos anteriormente. En el sentido que entiende el modo de ser del arte como juego que configura una representación más allá de quien lo juega o lo experimenta. Una representación que revela entidad y configuración propia.

La vasta selección del curador se abre a un amplio arco de propuestas en las que los juguetes o los juegos han sido poderosos factores inspiradores. Ya fueran los juegos de encastre como en la obra de Marcela Gásperi, las figuras recortadas de madera en las obras de Seguí o Edgardo Giménez, los muñecos de peluche en la “Torta” de Cristina Schiavi o las figuritas de Liliana Porter. Como es sabido, la enorme gracia de la obra de esta artista se cimenta en gran medida en la vida que otorga a figuritas y juguetes.

Pero está también todo lo relativo a la interacción que hoy permite la creciente actualización de la tecnología. La instalación Mirtha eres tú de Lolo y Lauti apela a una tecnología usada en cine y televisión para invitar al público a participar de una famosa escena de famosos: los almuerzos de Mirtha Legrand. El antiguo juego de retratarse como otro infaltable en las ferias y kermeses de antaño es actualizado con la tecnología disponible. Y más aún, como bien señala Rodrigo Alonso, juega con los quince minutos de fama, muy de nuestra época, que hizo célebres Warhol.

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